Ramona envía al Sub Comandante Marcos

Ramona envía al Sub Comandante Marcos

Enero de 2006.

 


¿Por dónde empezar? ¿Cómo podría explicar el impacto de Ramona? ¿Por qué esta pequeñita mujer tzotzil marcó una diferencia en mi vida; por qué marcó una diferencia en el mundo; por qué me senté en aquella ladera junto al cementerio de San Andrés Sacamch’en de los Pobres todo el día durante su funeral? ¿Qué les depara el futuro a los hombres y las mujeres como Ramona, que quieren salvar nuestro planeta de los muchos horrores de nuestro tiempo?

 

Desde luego, una parte del impacto y del legado de Ramona vive en forma de imágenes.

 

Por supuesto, está aquella imagen de 1996 de la pequeña Ramona al borde de la muerte apoyándose en el brazo del Sub Comandante Marcos mientras dejaba la capital zapatista de La Realidad (rompiendo el mortal cerco militar sobre los zapatistas y continuando su viaje para conquistar la capital mexicana). En aquel momento, Marcos la describía como el arma más militante y peligrosa de los zapatistas; en la capital, recibió un transplante de hígado y capturó los corazones de millones de mexicanos.

 

También está aquella foto tan preciosa del verano de 2005 (que puede estar en nuestra página web, pero sin enlace a ella desde aquí) de mi amiga Diccie sonriendo y señalando un cartel de una cooperativa de mujeres de Pulho que llevaba el nombre de Ramona. Diccie preguntaba, “¿Quién es la Comandanta Ramona?”. Como mínimo, Ramona era alguien con cuyo nombre bautizaban las mujeres indígenas a sus organizaciones.

 

Está la sencilla foto de Ramona sentada, vistiendo como siempre su traje bordado de San Andrés Sacamch’en de los Pobres, que yo eché en la fiesta de su 37 cumpleaños (de nuevo, creo que está en nuestra página web), cuando en Escuelas para Chiapas nos encontrábamos lanzando nuestro primer equipo de construcción de escuelas desde la Ciudad de México junto al Frente Zapatista. Los dibujantes del Taller Artístico de la Frontera en Tijuana/San Diego usaron aquella imagen para pintar a Ramona en las paredes de la primera escuela secundaria autónoma indígena de Chiapas (todavía la más popular de las imágenes del muro que aún rodea a esa institución educativa).

 

Finalmente, está aquella foto de noticia tan super conocida de Ramona al comienzo de las conversaciones de paz de 1994, sosteniendo el extremo inferior de la bandera mexicana, mientras el Sup asía firmemente el extremo superior de la bandera y Camacho, el representante del gobierno envuelto en poliéster, se esforzaba por alcanzar una esquinita de la bandera. El gobierno mexicano todavía se pelea por aferrarse a una parte de la bandera nacional que capturaron los zapatistas.

 

El poder no sabe todavía lo que les sacudió cuando se encontraron con esta pequeñita mujer tzotzil. Pero el poder sí sabe a ciencia cierta cómo responder a un ataque.

 

Incluso aunque no pude entrar a mi correo electrónico al día siguiente, el Internet se abrió lo suficiente como para dejarme leer los titulares de las noticias y de opinión en la página web en castellano de Microsoft Service Network, sugiriendo que los zapatistas habían sufrido un golpe severo con la muerte de Ramona PORQUE “acaban de perder su brújula moral”. Me sentí tan enojado y molesto que apenas pude dormir aquella noche.

 

Sin embargo, dudo que haya imágenes públicas o fotográficas para describir (o mentir) acerca del funeral de Ramona.

 

Aunque nuestros hermanos y hermanas de la prensa juguetearon desesperadamente con sus cámaras durante horas mientras esperaban la llegada del ataúd, los zapatistas habían anunciado la medida de “No fotos”. Y cuando llegó la comitiva final que traía a Ramona, una docena o más de jóvenes enérgicos zapatistas subieron a la colina donde los fotógrafos y les insistieron con calma en que guardaran sus cámaras. Espero que los zapatistas hayan acertado una vez más a la hora de elegir el momento y el lugar para que el mundo exterior pueda echar sus fotos.

 

Incluso con su muerte, Ramona consiguió reunir a personas de diferentas partes del mundo. La organización de solidaridad “¡Ya basta!” de Italia había donado recientemente varias ambulancias modernas, y fue muy adecuado que el cuerpo de Ramona pasara junto a una delegación de Italia en uno de estos vehículos que ahora se emplean en el sistema sanitario zapatista que ella misma se esforzó en crear. Mientras llegaba la ambulancia, docenas de hombres y mujeres zapatistas enmascarados saltaron de los camiones y corrieron a toda velocidad tras la ambulancia nueva hacia el humilde cementerio donde ya se encontraban reunidos previamente cientos de miembros de la comunidad.

 

A medida que aquel empuje tan poderoso y decidido de indígenas pasaba en tropel por mi lado, al mismo tiempo me di cuenta de dos cuestiones.

 

El primer descubrimiento era que las fotos desde este lado del cementerio serían irrelevantes; de hecho, ya había tenido lugar el último vestigio fotográfico de Ramona. Lo sentí en aquella oleada masiva de decenas de miles de indígenas, que tomaron las calles sin violencia en San Cristóbal de las Casas el 1 de enero de 2006 para lanzar su campaña por “La Otra” (y “Los Otros” que son olvidados, abandonados y oprimidos). En esta ocasión, más que Marcos enviando fuera a Ramona, esta vez eran Ramona y sus muchos hijos e hijas los que enviaban al Sub Comandante Marcos fuera para recuperar la nación.

 

Mi sentimiento más fuerte a medida que me empujaba, desplazaba y masajeaba aquella corriente humana que acompañaba a Ramona a su reposo final, eran una tristeza y una rabia por darme cuenta de que el poder no quiere que estas personas sigan enterrando a sus muertos aquí, en San Andrés Sacamch’en. Los tzotziles son irrelevantes y peligrosos para el capitalismo internacional; su lugar en el mundo “moderno” es limpiar los baños y hacer las camas de los hoteles turísticos de San Diego, Nueva York, Portland, Houston, Miami, etc. O lavar platos en Atlanta, o transportar maderos y ladrillos en Chicago, o recolectar fruta y arrancar malas hierbas en el valle central de California.

 

Pero mientras los zapatistas jóvenes y mayores se sentaban en las colinas que rodeaban el cementerio el día del entierro de Ramona, las ondas de Radio Liberación flotaban a través de los tallos secos del maíz. Hasta allí donde alcanzaba la vista, los tallos dobles forman un patrón de mosaicos que relataban acerca de la supervivencia y la regeneración humana. La música alegre y el comentario ocasional en castellano o tzotzil desde la estación de radio rebelde también mencionaron La Otra Campaña y se despidieron de Ramona. Aquel día, el mosaico de campos de maíz se llenó de calabaza del tamaño de sandías listos para la cosecha que podían llegar a durar tres años o más; y el sol y la tierra ya se encontraban conspirando activamente contra los planes de Bush y compañía, al ofrecer la próxima cosecha de frijoles.

 

Y mientras Fox busca nuevas formas de vender esclavos mexicanos a los Estados Unidos, los tzotziles viven su “Ya basta” cultivando su comida y criando sus niños en oposición directa con el poder de la avaricia y la violencia. Ramona prosigue como parte de este ciclo de vida que finalmente derrotará a la muerte que el capital tiene previsto para todos nosotros que formamos “La Otra”.

 

Ahora ha sido Ramona quien ha enviado al Sub Comandante a abrir nuevos caminos para que la gente de Ramona se encuentre con otros rebeldes en su lucha por salvar al mundo. Y hoy, en los Altos del sureste mexicano, la gente ha acumulado montañas de maíz, calabaza y frijoles para alimentar a los niños y nutrir la insurrección. Y quizás sólo para provocar al poder, los tzotziles cuelgan en sus porches a plena vista la semilla de maíz brillantemente colorida para la cosecha del año que viene, retando al poder a que intente arrebatarles los niños o el maíz.

 

En vida, Ramona brilló tan espléndidamente como aquella semilla de maíz que decora las casas de los tzotziles.

 

Y tan seguro como que el maíz con el que se la creó se plantará en primavera, Ramona seguirá naciendo en las montañas del sureste mexicano y en todas aquellas partes del mundo en  que las personas luchen por la dignidad, la democracia y la justicia.

 

¡Hasta la Victoria, Zapatista!

 

Peter Brown, alias Pedro Café.

PedroCafe@hotmail.com

 

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Ramona Sends Off Subcommander Marcos

January 2006

 

Two days ago the Tzotiles buried Commandanta Ramona.

 

Along with a few outsiders and many indigenous Zapatistas, I had the opportunity and the honor to attend the burial and contemplate the human issues that always arise when one is confronted with the finality and continuality of death.  Throughout that sunny morning and brilliant afternoon, a tumult of emotions and thoughts and impressions flashed across my consciousness and are still percolating beneath the surface.  Although I am still sorting out my feeling, I need to share some impressions from that profound experience.

 

How to begin?  How can I explain the impact of Ramona?  Why did this tiny Tzotzil woman make a difference in my life; why did she make a difference in the world; why did I sit on that hillside near the graveyard of San Andres Sacamch’en de los Pobres all day during her funeral?  What does the future hold for men and women like Ramona who want to save our planet from the many horrors of our times?

 

Certainly a part of Ramona’s impact and legacy lives in the form of images.

 

Of course there’s the 1996 image of tiny Ramona on the verge of death leaning on the arm of the Sub Commandante Marcos as she leaves the Zapatista capital of La Realidad -breaking the deadly military siege of the Zapatistas and traveling on to conquer the Mexican capital.  At that moment Marcos described her as the most militant and dangerous weapon held by the Zapatistas; in the capital she received a liver transplant and captured the hearts of millions of Mexicans. 

 

Then there’s a delightful photo from the summer of 2005 (that might be on our web page, no web access here) of my friend Diccie smiling and pointing up at a sign in Pulho of a women’s cooperative named after Ramona.  Diccie asked, “What is Commandanta Ramona?”  At the least, Ramona was someone for whom indigenous woman named their organizations.

 

There’s the simple seated photo of Ramona as always wearing her embroidered dress from San Andres Sacamch’en de los Pobres which I took during her 37th birthday party (again, I think it is on our web page) when Schools for Chiapas was launching our very first schools construction team from Mexico city along with the Frente Zapatista.  Artists from the Border Arts Workshop in Tijuana / San Diego used that image to paint Ramona onto the walls of the first autonomous, indigenous secondary school in Chiapas – still by far their most popular image in the mural which still surrounds that educational institution.


Finally there’s that super-famous news photo of Ramona at the beginning of the peace talks in 1994 holding the low end of the Mexican flag while the sup firmly grasps the high end of the flag and the polyester-clad Mexican government representative Camacho struggles to reach for an edge of the flag.  The Mexican government is still struggling to hold onto a piece of the national flag which the Zapatistas captured.

 

The power still does not know what hit them when they encountered this tiny Tzotzil woman.  But the power certainly knows how to fight back.

 

Even though I could not access my email the next day, the internet opened up far enough to let me read news / opinion headlines on the Spanish language web page of Microsoft Service Network suggesting that the Zapatistas had suffered a major blow with the death of Ramona BECAUSE “they have now lost their moral compass.”  I was so mad and upset I could hardly sleep that night.

 

However I doubt there will be public or photographic images to describe (or lie) about Ramona’s funeral.

 

Although our brothers and sisters of the press anxiously fiddled with their cameras for hours awaiting the arrival of the coffin, the Zapatistas had announced a “No Photos” policy.  And when the final caravan bringing Ramona arrived, a dozen or more energetic young Zapatistas bounded up the photographer’s hill and quietly insisted they put their cameras away.  I hope the Zapatistas were once again successful at choosing the time and place for the outside world to take their photos.

 

Even in her death Ramona brought together people from around the world. The “Ya Basta!” solidarity organization from Italy recently donated several modern ambulances and it was fitting that the body of Ramona was carried past a delegation from Italy in one of these vehicles which now serve the Zapatista health care system she worked so hard to create.  As the ambulance arrived, dozens of masked Zapatista men and women leaped out of trucks and raced full speed begin the new ambulance toward the humble cemetery where hundreds of community members had previously gathered. 

 

As this powerful and purposeful tide of indigenous people surged past me, I simultaneously realized two things.

 

The first thing realization was that photos from this grave side were irrelevant; Ramona’s final photographic legacy had actually already occurred.  I felt it in that massive surge of tens of thousands of indigenous, who non-violently took the streets of San Cristobal de las Casas on Jan. 1, 2006 to launch their campaign for the “other” – the others who are forgotten and left out and oppressed..  On this occasion rather than Marcos sending Ramona away, this time Ramona and her many sons and daughters were sending the Sub commander Marcos away to take back the nation.

 

My most powerful feeling as I was bumped and moved and massaged by the flow of  humanity accompanying Ramona to her final resting, was a sadness and outrage to realize that the power does not want these people to continue burying their dead here in San Andres Sacamch’en.  The Tzotziles are irrelevant and dangerous to international capitalism; their place in the “modern” world is to clean bathrooms and make beds in tourist hotels in San Diego, New York, Portland, Houston, Miami, etc.  Or to wash dishes in Atlanta, to haul lumber and block in Chicago, to pick fruit and cut weeds in the central valley of California…

 

But as the young and old Zapatistas sat on the hills surrounding the graveyard on day of Ramona’s burial, the sounds of Radio Liberation floated through thousands of dried corn stalks.  As far as the eye could see the doubled over stalks form a mosaic pattern telling of human survival and regeneration.  The lively music and occasional commentary in Spanish or Tzotzil from the rebel radio station also mentioned The Other Campaign and said good bye to Ramona.  On that day the mosaic of corn fields was filled with watermelon-sized squash ready for harvest which last three years or more; and the sun and soil were actively already conspiring against the plans of Bush and company by offering the next crop of beans.

 

Even as Fox seeks new ways to sell Mexican slaves into the United States, the Tzotziles are living their Ya Basta by growing food and babies which directly contradict the power of greed and violence.  Ramona continues as a part of this cycle of life which will finally defeat the death that capital has envisioned for all of us who make up The Other. 

 

Now it is Ramona who has sent off the Subcommandante to open new pathways for Ramona’s people to meet other rebels in their struggle to save the world.  And today in the highlands of the Mexican southeast the people have stored away mountains of corn and squash and beans to feed the babies and nourish the insurrection.  And perhaps just to provoke the power, the Tzotzils hang the brightly colored corn seed for next year’s crop hangs in fully view on their porches, daring the power to try to snatch away the babies or the corn.

 

During her life Ramona shone as brightly as that corn seed which decorates the houses of the Tzotziles.

 

And as surely as the corn from which she was created will be planted in the spring; Ramona will continue to be born in the mountains of the Mexican southeast and everywhere in the world that people struggle for dignity, democracy and justice.

 

Hasta la Victoria, Zapatista!

 

Peter Brown aka Pedro Café

PedroCafe@hotmail.com